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Disponerse a recibir a Jesús

Carta 67. A una mujer devota en tiempo de Adviento. En Obras Completas, BAC (2000), Vol IV, pp. 295-297

¡Cuán ocupada estará vuestra merced en este santo tiempo en aparejar posada al huésped que le ha de venir! Paréceme que la veo solícita como Marta y sosegada como Magdalena, para con los servicios exteriores e interiores servir al que viene, pues de uno y de otro es digno y Señor. ¡Oh bienaventurado tiempo en que se nos representa la venida de Dios en carne a morar entre nosotros, para alumbrar nuestras tinieblas y encaminar nuestros pies en la carrera de la paz (cf. Lc 1,79), y, haciéndonos hermanos suyos, gozar de una herencia con Él!

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Domingo I de Adviento

Sermón 1 [2]. ¡Grande es el día del Señor, y muy terrible! En Obras Completas, BAC (2000), Vol III, pp. 21-34

 

Peroración: Velad y orad

27. Hermanos míos, catad que habíamos de andar desalados: Señor, ¿infierno para mí, perder a Dios, desterrado de Dios para siempre jamás? ¿Qué será? ¿Qué haré para aquel día ser librado? Hable Dios y dígaoslo Él, y tomad su consejo, que será seguro: Parad mientes que vuestros corazones no sean agravados (Mt 26,43.41) con embriaguez; ansí que velad orando para que seáis dignos de huir estas cosas y estar delante del Hijo de Dios. ¿Qué remedio? Dice Dios: No se apesguen vuestros corazones en comer y beber y cuidados de esta vida (cf. Mt 6,31; 13,22). Dejad cuidados, dejad negocios, dejad honras, contentaos con lo bajo, con lo humilde y sosegado. Jesucristo lo dice; y si no, cargaos; hacé grandes casamiento[s] para hijas, grandes oficios y dignidades para hijos, y veréis cómo os saldrá. Pues ¿qué hemos de hacer? Velar en todo tiempo (Lc 21,36).

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