Los Santos, signos de la presencia de Dios

“Los Santos, signos vivos de la presencia de Dios en el mundo” es tema general en torno al que, en este Año de la Fe, gira el ciclo de Charlas Cuaresmales en la Diócesis palentina, una iniciativa que tiene largo recorrido.

El ciclo ha comenzado el lunes 4 de marzo, con una mirada a San Luis Guanella. D. Juan Bautista Aguado, autor de la biografía del santo hablará en su charla en torno a: “Un testigo fuerte del Amor: San Luis Guanella, profeta de al Caridad”.

El martes 5, intervendrá D. Luis Ángel Montes, Responsable de Formación Permanente del Clero de la Diócesis quien hablará sobre: “Un testigo fuerte de la Esperanza: Santa Hildegarda de Bingen, doctora de la Iglesia”.

El miércoles 6 concluirán las charlas con una conferencia de Dña. Mª Encarnación González, Postuladora de la Causa del Doctorado de San Juan de Ávila, su intervención girará en torno a: “Un testigo fuerte de la Fe: San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia”.

Juan de Ávila vuelve a Jerez

seminariojerez1San Juan de Ávila ha vuelto a Jerez cuatro siglos y medio después de la labor evangelizadora que realizó en vida.

Las reliquias del apóstol de Andalucía llegaron a la parroquia San Juan de Ávila de la ciudad jerezana el sábado 2 de marzo. En este templo del arciprestazgo norte de la ciudad se inician seis días de veneración a quien desde el pasado 7 de octubre es doctor de la Iglesia y que visita una tierra en la que ya estuvo a mediados del siglo XVI en el marco de su apostolado por toda Andalucía.

Tras un saludo inicial de bienvenida por el sacerdote Antonio Diosdado, párroco de San Juan de Ávila, el rector del Seminario Diocesano, Ignacio Gaztelu, ha invitado, en su intervención a la oración a partir de textos del Santo Maestro escogidos para la ocasión. Una celebración de la Eucaristía en la misma parroquia y un acto de oración juvenil en el cercano Colegio de Montealto completan la primera jornada.

seminariojerezEl patrón del clero español y Doctor de la Iglesia, creó en su día un colegio en Jerez. Hoy en día encuentra que el Seminario Diocesano, impulsor de la visita de las reliquias a la diócesis, lleva su nombre. El domingo, en el Seminario, día de fiesta con convivencia vocacional, encuentro de monaguillos y, para concluir la jornada, la Santa Misa presidida por monseñor José Mazuelos Pérez, obispo diocesano, que demandaba a los futuros sacerdotes diocesanos “un clero nuevo para la nueva evangelización” a la vez que invitaba a seguir el ejemplo del Maestro Ávila y predicar el Evangelio a tiempo y a destiempo. Se completaba así la jornada prevista en el Seminario Diocesano. 

Más información.


Una joya del siglo de oro

Diario de Burgos. 12.02.2013

Joaquín L. Ortega

muoz-barbern-1959.-semin-murciaLa llegada a Burgos de las reliquias de San Juan de Ávila, el flamante Doctor de la Iglesia, nos remite al siglo XVI. Al siglo que la propia Historia ha llamado “de oro”. Juan de Ávila nació en Almodóvar del Campo, justamente el 6 de  enero del 1500. Fue el suyo un siglo brillante y áureo en muchos aspectos de aquella España. La unidad nacional, lograda al culminar la reconquista y simbolizada en el matrimonio de Isabel de Castilla con Fernando de Aragón, el reciente descubrimiento del nuevo mundo y el esplendor de los primeros Austrias, labraron un siglo de prosperidad y de brillantez que cundió también en las artes, las letras y la religiosidad misma. Siglo de fundadores y de reformadores, de poetas místicos, de tratados teológicos y de traducciones bíblicas. Juan de Ávila fue una joya dentro de aquella riqueza áurea.

Todos los grandes de la espiritualidad de aquel tiempo dejaron testimonio del peso y del valor de Juan de Ávila. Fray Luis de Granda fue su primer biógrafo. Teresa de Jesús no quería publicar el libro de su vida sin que lo viera antes el Maestro Ávila y dijo, cuando él murió, que se había quebrado una columna de la Iglesia. Ignacio de Loyola y Francisco de Borja buscaban su consejo y le proponían que profesara en la Compañía de Jesús, recién fundada. Juan de Dios cambió de vida tras escuchar una prédica de Juan de Ávila. Todos ellos y muchos más le tenían por maestro y Maestro le llamaban. Con el tiempo Juan de Ávila ha pasado a ser Doctor de la Iglesia Universal, formando con sus coetáneos, Juan de á Cruz y Teresa de Jesús, una trilogía de oro puro: los tres son hoy doctores de la Iglesia.

Las preciadas reliquias de Juan de Ávila vienen a Burgos de Montilla, Córdoba, donde él pasó sus últimos años y donde falleció el 10 de mayo de 1569. Fray Luis de Granada le describió como “persona de letras, de ingenio y de oración”. El llamado “Apóstol de Andalucía” estuvo a puntote irse a las Américas –a Tlaxcala, en México- para su evangelización. Fue hombre de estudios en Salamanca y Alcalá y creador de hasta 15 colegios mayores en lugares como Baeza y Jaén. Alternaba el estudio con la oración y la predicación. Sus obras teológicas y espirituales se leen hoy con el regusto del castellano del siglo de oro. Por una de ellas –“Audi Filia”- fue encarcelado por la Inquisición. En el Concilio de Trento esperaban su presencia. La vejez y la enfermedad se lo impidieron. Pero al Concilio llegaron su dos memoriales sobre la reforma de la Iglesia que allí fueron leídos y atendidos. Juan de Ávila fue una joya para la Iglesia y para España. Benedicto XVI ha tenido el gusto de engastarla en la diadema de los doctores de la Iglesia. Y bueno será saber que el proceso del doctorado, la Iglesia de España lo puso en manos, como postuladora, de una teresiana burgalesa: Encarnación González Rodríguez, nacida en Villaveta.