Miradas actuales a San Juan de Ávila. Doctor

Doctor*

María Encarnación González
Postuladora de la causa del Doctorado de San Juan de Ávila

 Introducción. El Santo Maestro, con título de Doctor

Probablemente no ha habido acontecimiento eclesial más propicio para encuadrar la proclamación de este doctorado que el comienzo de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, el 7 de octubre de 2012. También él fue un nuevo evangelizador de las tierras del centro y, sobre todo, del sur de España. Quiso llevar la buena nueva del Evangelio al recién descubierto “Nuevo Mundo” de América, pero fueron algunos de sus mejores discípulos quienes dieron allí testimonio de su vida y difundieron por aquellas tierras su enseñanza.

Si Benedicto XVI ha podido otorgarle, después de riguroso estudio y discernimiento, el poco frecuente título de “Doctor de la Iglesia universal” es porque ya lo fue en vida y ha continuado siéndolo a lo largo de los cinco siglos que nos separan de él. Durante su viaje a Santiago de Compostela el 6 de noviembre de 2010, el hoy Papa emérito no dudó en afirmar: “Figuras como San Ignacio de Loyola, Santa Teresa y San Juan de Ávila son figuras que han renovado el catolicismo y formado la fisonomía del catolicismo moderno”.

  1. Maestro de santos    

Cuándo y dónde obtuvo Juan de Ávila el título de “Maestro” está todavía por aclarar. Solo sabemos que en el acta del cabildo celebrado en Granada el 1 de marzo de 1538 se le llama Maestro por primera vez. Pero su magisterio no se redujo a la posesión del título. Uno de los hechos de su biografía que suscitan más admiración es el elevado número de contemporáneos suyos, canonizados después por la Iglesia, que acudieron a él para pedirle consejo o alimentaron con sus orientaciones y escritos su vida espiritual.

Es un caso muy excepcional en la historia de la Iglesia, y sin duda una de las personas más consultadas de su tiempo. Esto significa, por un lado, el atractivo que suscitaba su doctrina y su don de consejo y, por otro, su influencia real en la vida de la Iglesia a través de las personas, los escritos y las fundaciones de los santos que acudieron a él, como Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, etc. La mística y la vida espiritual española de los siglos XVI y XVII deben mucho al Maestro Ávila.

  1. Reconocida autoridad de su magisterio a lo largo de los siglos

No es fácil enumerar la cantidad autores espirituales en cuya obra se puede reconocer la inspiración del Maestro Ávila, pues su influencia traspasó con fuerza los límites de su entorno y de su tiempo para ir creciendo de siglo en siglo y abarcar, a la vez, progresiva amplitud geográfica.

Basta aludir, inicialmente, a la treintena de discípulos suyos que envió a la naciente Compañía de Jesús y que extendieron la fama de su santidad de vida y difundieron sus escritos a través de su actividad misionera en Oriente y Occidente.

Destacados santos posteriores como José de Calasanz, Francisco de Sales o Alfonso María de Ligorio se ayudaron de sus escritos. Lo mismo el cardenal Pierre de Bérulle, fundador de la Sociedad del Oratorio para la formación del clero, origen «escuela sacerdotal francesa», y otros santos, beatos o autores espirituales posteriores.

También la sociedad civil ha reconocido la destacada personalidad del Maestro. Así lo muestra el retrato pintado por El Greco a comienzos del siglo XVII, o el grabado de Carmona sobre un dibujo de Maea, para la Calcografía Nacional, en 1792.

Elocuente expresión del interés por Juan de Ávila y medio para la difusión de sus enseñanzas han sido, y son, las ediciones de sus escritos. Pocas décadas después de su muerte podían leerse sus Obras completas, o traducciones de las principales, en italiano, francés, inglés o alemán. Durante los siglos XVIII-XIX se siguieron editando y difundiendo las obras del Maestro. Impulso significativo supuso su beatificación en 1894, notablemente intensificado a lo largo del siglo XX de manera especial en España, pero también en otros países, sobre todo de América Latina.

  1. De santo a candidato al doctorado

En 1622 fueron canonizados, junto a san Isidro y san Felipe Neri, tres de sus contemporáneos: santa Teresa de Jesús, san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier, hecho que sin duda incidió en el inicio de la Causa del maestro Ávila, que fue instruida en la diócesis de Toledo en 1623, 54 años después de su muerte.  Concluido pronto el interrogatorio a los 147 testigos que declararon, se demoró durante cien años la copia de las actas y su envío a Roma. Por fin, en 1742 fueron aprobados definitivamente sus escritos por Benedicto XIV y en 1759 Clemente XIII declaraba que el V. P. Maestro Juan de Ávila había ejercitado las virtudes en grado heroico. Tras casi siglo y medio de nueva interrupción, en 1894 se aprobaba los milagros requeridos para la beatificación, que tuvo lugar, por el papa León XIII, en 1894. El camino hacia la canonización se inició profundizando en sus escritos, que vieron numerosos ediciones y traducciones, y difundiendo la veneración a su figura en círculos de espiritualidad y de estudio. El momento deseado llegó el 31 de mayo de 1970, por el papa Pablo VI.

No habían pasado dos meses de la canonización cuando en la XII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (julio de 1970) se planteó la posible solicitud del título de Doctor de la Iglesia universal para el Santo Maestro, iniciativa que fue muy favorablemente acogida, iniciándose los oportunos trabajos.

  1. El título de Doctor de la Iglesia universal

El Espíritu “ha constituido a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y doctores…” (Ef 4,11-13). A los Padres de la Iglesia siempre se les ha reconocido su magisterio especial; pero el título de Doctor, como hoy lo conocemos, se otorgó por primera vez, en 1567, a santo Tomás de Aquino, y a san Buenaventura, en 1588. Durante el siglo XVII no se concedió a nadie, en el XVIII a cuatro; en el XIX a nueve, y en el XX a diez santos, 33 en total. 

Fue el aludido papa Benedicto XIV (1675-1758) quien precisó los requisitos para otorgar dicho título, señalando como determinante la eminens doctrina del candidato al doctorado. Después de algunas precisiones sobre este tema,  en 1972 Pablo VI ordenó que, mientras se concretaran más los criterios que definían la eminens doctrina, quedara en suspenso el estudio de las Causas de Doctorado. La constitución Pastor bonus, de 1988, que reorganizó la Curia romana, confió esta tarea a la Congregación de la Doctrina de la Fe que, en 1996 concluyó el estudio.

Según lo acordado, el candidato a Doctor debía poseer un particular carisma de sabiduría, para el bien de la Iglesia. Es necesario que sobresalga por la cantidad y calidad de los escritos, por la altura y la profundidad de su doctrina y por la madura síntesis sapiencial alcanzada. Su doctrina, segura y duradera, estará apoyada en la Palabra de Dios, en la Tradición y en el Magisterio de la Iglesia. Su enseñanza ha de informar su vida y será capaz de expresarla en términos sencillos, de modo que todos la entiendan. Sus escritos habrán sido bien recibidos por el Pueblo de Dios, con cierto carácter de universalidad, de modo interesen a toda la Iglesia.

5. La Causa del Doctorado de San Juan de Ávila

En 1981 la Conferencia Episcopal Española retomó el doctorado de San Juan de Ávila, encargando a un grupo de expertos preparar la documentación correspondiente. Concluida esta tarea, la primera súplica a la Santa Sede tuvo lugar el 10 de mayo de 1990. A ella siguió otra el 25 de mayo de 1995. La respuesta fue que se estaban estudiando los criterios para dirimir la eminens doctrina. Cuando en 1999, en vísperas del V Centenario del nacimiento de Juan de Ávila, se solicitó el doctorado por tercera vez, ya había concluido ese estudio y en 2002 la Congregación de la Doctrina de la Fe declaró que la doctrina del Santo Maestro era eminente. Con ello, su expediente volvía a la Congregación de los Santos, que requirió elaborar una Ponencia (Positio).

El Supplex libellus, última y definitiva súplica del Doctorado para san Juan de Ávila, de 10 de diciembre de 2009,  fue presentado al Papa Benedicto XVI el 12 de marzo de 2010, y el 10 de abril entregábamos la Positio en la Congregación de las Causas de los Santos. Estudiada esta Positio por doce Consultores Teólogos de dicha Congregación, el 18 de diciembre tuvo lugar el Congreso Peculiar de los mismos, en el que, con sus votos unánimemente afirmativos, se pronunciaron a favor del doctorado. Realizado este paso tan importante, el 3 de mayo de 2011 tuvo lugar la Sesión Plenaria de los Cardenales y Obispos miembros de la Congregación de las Causas de los Santos, en la que, también con voto unánime, decidieron proponer al Santo Padre que declarase al Maestro Ávila Doctor de la Iglesia universal, conclusión que el cardenal prefecto presentó al papa Benedicto XVI el día 27 del mismo mes.

El 20 de agosto de 2011, durante la Jornada Mundial de la Juventud, Benedicto XVI anunciaba en Madrid la próxima concesión del doctorado a san Juan de Ávila, y el 27 de mayo de 2012, domingo de Pentecostés, fijó la fecha: el 7 de octubre, al comenzar el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva evangelización.

Fue este, en efecto, el día de la solemne proclamación de San Juan de Ávila y Santa Hildegarda de Bingen Doctores de la Iglesia universal. Y al día siguiente, el 8 de octubre, tuvo lugar una solemne Misa de Acción de Gracias en el altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro por el Doctorado del Santo Maestro.

Conclusión. Nuevas perspectivas del nuevo Doctor

Siendo mucho y muy valioso lo que se ha investigado, escrito y divulgado sobre el nuevo Doctor, probablemente es más lo que su eminens doctrina aún nos puede desvelar. Para ello, es necesario fomentar iniciativas que impliquen a ámbitos académicos eclesiásticos y civiles, como universidades, institutos o centros de investigación. Habría que ver interesados en ello a escrituristas, historiadores, pedagogos, sociólogos, educadores, lingüistas, e incluso a ingenieros, literatos, artistas…; y habría que conectar con estudiosos de otros países que, desde su especialización en los distintos ámbitos del saber o de la expresión, fueran desgranando el polifacético contenido de este gran humanista y teólogo del siglo XVI del que aún nos falta tanto por descubrir.

Y hay que continuar nutriendo de contenido y de iniciativas la página Web http://sanjuandeavila.conferenciaepiscopal.es  que tantos miles de visitas está recibiendo desde distintos lugares de la geografía universal.

* En La confesión de la fe, EDICE, Madrid 2013, pp. 231-237.