¿Por qué el nuevo Doctor de la Iglesia no quiso ser obispo de Segovia?

Carta pastoral de Mons. Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

04.05.2012

 Esta semana los sacerdotes celebramos la fiesta de san Juan de Ávila, patrono del clero secular español. Ese mismo día todo el presbiterio segoviano, junto con el obispo, se reúne para celebrar  las bodas de plata y oro sacerdotales de algunos de sus miembros. Este año tres sacerdotes cumplen veinticinco años de ministerio y dos cincuenta.

San Juan de Ávila será declarado “doctor de la Iglesia” en el próximo mes de octubre en Roma. “Con gran gozo quiero anunciar al pueblo de Dios —decía el papa Benedicto XVI el 20 de agosto de 2011 durante la memorable Jornada Mundial de la Juventud— que declararé próximamente a san Juan de Ávila, presbítero, doctor de la Iglesia universal”. Actualmente, la Iglesia Católica solo reconoce treinta y tres “doctores” (tres son mujeres). Dicho título lo otorga el Papa a ciertos santos con lo que se les reconoce como eminentes maestros de la fe para los fieles de todos los tiempos.

Pero, ¿quién es san Juan de Ávila, cuál es la actualidad de su vida y de su mensaje, y qué significa que vaya a ser proclamado “doctor” de la Iglesia?

Juan de Ávila nació en 1499 ó 1500 en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), donde creció y se formó en un ambiente cristiano. Estudió Leyes en la Universidad de Salamanca y, posteriormente, Artes y Teología en la de Alcalá, donde recibió la ordenación sacerdotal en 1526. Festejó en su pueblo natal su primera misa solemne invitando a los pobres a su mesa y repartiendo entre ellos su cuantiosa herencia.

El Arzobispo de Sevilla cambió los planes de Juan de Ávila mientras este esperaba allí para embarcarse y evangelizar en América. Desprendido, generoso y, sobre todo, enamorado de Dios, vivió desposeído de los bienes materiales y con el corazón lleno de fe y de entusiasmo. Dedicó su vida a la oración, al estudio, a la predicación, a la dirección espiritual y a la formación de los pastores del pueblo de Dios. Para ello fundó una quincena de colegios, precedentes de los actuales Seminarios, y la Universidad de Baeza (Jaén). Recorrió pueblos y ciudades de Andalucía, La Mancha y Extremadura. Residió en Granada, donde ya figura con el título de Maestro y como presbítero de la diócesis de Córdoba, en donde permaneció hasta los últimos años de su vida. Murió el 10 de mayo de 1569 en Montilla y allí se veneran hoy día sus reliquias.

Juan de Ávila llegó a saberse de memoria casi toda la Biblia, particularmente los Evangelios y las cartas de san Pablo. De él se ha dicho que fue el mejor intérprete del Apóstol de los gentiles, no solo de su doctrina sino también de su espíritu, que copió admirablemente en todos los actos de su vida, llegando a conocérsele por “el san Pablo traducido al español”.

San Juan de Ávila, una y otra vez, rechaza las ofertas que le llegan para cambiar su residencia de Montilla —con sugerentes ofertas de mitras y capelos—, pretextando su frágil salud y longevidad. Ya en otoño de 1536, el arzobispo Gaspar de Ávalos le ofrece la canonjía magistral de Granada que el Maestro Ávila no acepta. Igualmente rechazó el obispado de Segovia y el arzobispado de Granada; así como el capelo cardenalicio, ofrecido por Paulo III, con el que Felipe II quería honrarle. El próximo miércoles día 9 en la iglesia de nuestro seminario se bendecirá su imagen y quedará entronizado en el salón que lleva su nombre.

Desde aquí mi felicitación a los sacerdotes y mi lamento de no haber tenido entre mis predecesores al nuevo doctor de la Iglesia. 

+Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia