Ver búsqueda de navegación

Navegación

Buscar

"Tórnate a mi"

Sermón 7, en Obras Completas, BAC (2000), Vol III, pp. 103-112

15.[...]. ¿Qué sé yo si Dios me querrá perdonar y aunque yo le pida perdón y misericordia?

En eso estuviésemos. Mirad la grandeza de Dios, cómo tan altamente da a conocer su voluntad. Convertimini, dice el Señor, etc. (Jl 2,12). ¿Vistes tal cosa? Hombre injuriado, ése sea el que vaya a rogar al que lo injurió, que sea su amigo y convidarle con el perdón. Bien parece quién eres tú, Señor; a ti huele este encienso de bondad y largueza. El mesmo Dios a quien hemos injuriado, que nos podría enviar a los infiernos con grandísima razón, ese mismo es el que, etc. Mirad lo que dice Dios al ánima que está en su desagrado: ¿Hasta cuándo estarás enojada?. Grandísima gana tiene Dios de nuestro remedio y salvación. Mirad qué tanto, que él mesmo nos enseña cómo lo hemos de llamar y la petición con que le habemos de pedir su amistad: Pater meus es tu, etc., virginitatis meae (cf. Jer 3,4-5). ¡Cómo! ¿No es cosa maravillosa que mande el Señor a uno que no se merece nombrar por la boca, ni decirle aun juez mío y castigador mío eres tú; mi Padre eres tú, etc.? Porque las entrañas, no hay cosa que no perdone al hijo que se convierte a Él pidiéndole perdón. Ansí se manda llamar Padre, como quien dice: Como el padre desea que su hijo se vuelva a él; es más, mi desposado que goce mis primeros amores. Mirá qué tanto siento esto.

16. [...] ¿No conocerás, en la voz que te da, tu proprio Señor, que te crió y te sustenta y te da y conserva la vida que tienes? Si te ha engañado el demonio, no pases delante. Mira la voz de Dios, que es tu legítimo Padre y que te llama con entrañas enfinecidas del amor, esperándote a que vayas a Él, abiertas las alas de su misericordia para cubrirte, etc.

17. [...] tórnate a mí, dice tu Señor Dios. Ésta es la voz de tu primero padre y primero esposo. Ésta sea la voz que suene en tus orejas y se emprima en tus entrañas, etc. Te quiere para sí; no te quieras tú dar a su contrario; valga más la voz de tu padre que no la de tu enemigo; más la de tu esposo que no la de tan abominable rufián. Acuérdate de esta palabra. Dios te ruega con perdón de tus pecados. Guárdate no venga día en que te arrepientas de no haberla oído. 

18. —¿Querráme Dios, si me torno a Él? Decí, padre. —Hará Dios fiesta y los ángeles y todos sus cortesanos regocijarán en los cielos. Convertimini ad me (Jl 2,12), dice Dios. Mirá qué tanto. Porque no esté aquí alguno desmayado y diga: «Tanto he pecado, que no me acogerá Dios; tanto le he ofendido; tan enormes y graves son mis males».