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Lunes, 28 Octubre 2013 14:55
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Ogni singola frase predicata dev'essere vissuta. Artículo escrito por el Cardenal Antonio Cañizares en L'OSSERVATORE ROMANO con ocasión del primer aniversario de la proclamación de Juan de Ávila Doctor de la Iglesia universal.
El pasado domingo 6 de octubre, L'OSSERVATORE publicó, en la página 4 de su edición diaria, un ámplio artículo sobre el Maestro Ávila, justo en la víspera del aniversario de la declaración como Doctor de la Iglesia por parte de Benedicto XVI.
El artículo también ha sido publicado en castellano en el nº 41 de la edición española -11 de octubre-, p.15. Es la versión que recogemos a continuación.

Hace un año Benedicto XVI proclamó a Juan de Ávila doctor de la Iglesia
Cada frase predicada debe ser vivida
ANTONIO CAÑIZARES LLOVERA*
Se cumple un año, el 7 de octubre, de la declaración como Doctor de la Iglesia universal por parte de Benedicto XVI de san Juan de Ávila, y hacemos memoria agradecida de este santo sacerdote español del siglo XVI, cima de la más alta espiritualidad cristiana, verdadero gigante del ser y del alma sacerdotal, maestro de sacerdotes, renovador profundo de la Iglesia que tanto brilló en la España de! siglo XVI con figuras tales como santa Teresa de Jesús, san Ignacio de Loyola, san Juan de la Cruz... , infatigable trabajador en los duros trabajos del Evangelio, predicador evangélico que, en su época, lleva a cabo de manera singular, única e incansable lo que hoy llamaríamos «nueva evangelización» -de ahí que se le reconozca como «Apóstol de Andalucía»- un verdadero pastor conforme al corazón de Dios, don de Dios a la Iglesia de todos los tiempos.
San Juan de Ávila es un maestro; así se le llamaba en su tiempo y durante siglos, así sigue llamándose: el «Maestro Ávila», modelo y ejemplo a seguir e imitar en cuanto atañe al ser y vivir sacerdotal. «Maestro y Doctor» brilla de manera particular como predicador, como evangelizador. En todas las ciudades por donde pasó se le encuentra anunciando el Evange!io, predicando. No le importaba predicar en plena calle. No le gustaba un sermón donde, como Pablo, no se predicase a Cristo crucificado, en cuyo misterio «sabía todo cuanto para nuestra salvación se puede saber, que es todo lo que comprende y trata la teología cristiana». Su predicación era hecha con verdad y brotaba de la caridad pastoral. Por eso decía en sus Advertencias al Sínodo de Toledo: «más conviene que los que se envían a semejante ministerio de predicar sean gente que, además de suficiencia de las letras, tenga caridad y celo para ganar almas, atrayéndolas a Dios con su doctrina y con su ejemplo de vida y santidad". Se trata de centrarse y concentrarse en lo esencial.
En él encontramos un vivo y diáfano ejemplo para predicar. De él nos ofrece un admirable retrato del genuino predicador, válido para todos los tiempos, su discípulo fray Luis de Granada en su «Vida del Padre Maestro Juan de Ávila y las partes que ha de tener un predicador del Evangelio», o, también, san Francisco de Borja en su «Tratado breve del modo de predicar el Santo Evangelio», inspirado con toda certeza en e! Maestro Ávila. Ambos escritos constituyen una auténtica guía o «directorio» para quienes, como señala el Concilio Vaticano II, tienen como obra o misión principal el anuncio del Evange!io, los sacerdotes. ¡Cuánto bien les haría leer ahora sus sermones, sus consejos, sus memoriales! Sus palabras, en efecto, iban dirigidas a provocar la conversión anunciando el misterio de Cristo, que es el misterio del Amor y de la Misericordia. No tuvo miedo alguno en predicar la Palabra de Dios sin mixtificaciones ni halagos. No se acomplejó de ella. Su contenido siempre gozoso y lleno del amor de Dios, profundo, bíblico, con una teología vital y clara, hondamente eclesial, fiel a la verdad y a las enseñanzas de la Iglesia.
Cuando le preguntaban «qué había de hacerse para predicar bien», respondía: «Amar mucho a Dios». No olvidemos, por lo demás, que a san Pedro, antes de encomendarle la misión, el Señor le preguntó tres veces: «¿Me quieres, me quieres más que éstos?». Le pregunta por su amor. A los sacerdotes, llamados y elegidos de Dios, el Señor sigue preguntando, como a Pedro: «¿Me quieres?». Querer a Jesucristo por encima de todo, es lo que constituye la base de la predicación; estar enamorados de Jesucristo y quererle con un amor indiviso e inquebrantable es requisito imprescindible para ser pastor y predicador siempre, y particularmente en tiempos en los que apremia una nueva evangelización.
Por esto, la fuerza de la predicación del Santo Doctor, Juan de Ávila, que sí quería, y mucho, al Señor, se basaba en la familiaridad con Jesús, que se adquiere y vive sobre todo en la oración, junto con el encuentro con Él en la Eucaristía y en la penitencia, en la meditación y estudio de la Palabra, en el sacrificio que nos une a Él. Según el Maestro Ávila, se había de subir al púlpito «templado», viviendo lo que iba a decir, lo cual necesita estudio y oración. Como dice uno de sus biógrafos: «No predicaba sermón sin que por muchas horas de oración le precediese». «Su principal librería, añade, era el Crucifijo y el Santísimo Sacramento».
La evangelización, la predicación, sobre todo en tiempos de secularización como los nuestros en los que se vive como si Dios no existiera, reclama «hombres de Dios, ser, de alguna manera, en expresión del Santo, «relicarios de Dios, casa de Dios». Para dar a conocer a Dios, para ser testigos suyos necesitamos vivir inmersos en su misterio, ser hombres de fe y oración. El Evangelio de Marcos nos recuerda que «el Señor llamó a los que quiso para que estuviesen con Él y enviarles a predicar». Los pastores, sacerdotes u obispos, antes de predicar debemos estar con Él, antes de ser apóstoles tenemos que ser discípulos, antes de ser evangelizadores tenemos que ser constantemente evangelizados. ¡Cómo insistía en esto san Juan de Ávila! Tenemos que acoger a Dios en el silencio y la soledad. Enseñar a descubrir a Dios, entregar a Dios, y dar a conocer la sabiduría escondida de Dios es nuestra misión, como lo fue la de Jesucristo, como lo fue la del Maestro Ávila. Pero esta secreta sabiduría de Dios, Dios mismo, sólo se aprende en el «trato de amistad con Él», acogiendo a Dios en la profundidad del silencio y de la contemplación, poniéndonos a la escucha de su Palabra, hablando con Dios, «como con Alguien presente», real y personal.
Vivir intensamente la verdad de la vida sacerdotal nos adentra en la espesura del amor de Dios. Meditar amor, entrar en la esfera de Dios que es Amor, saca amor. Y nos hace sentir e! amor de Dios que hemos conocido en su Hijo venido en carne, llagado y en la Cruz, presente y vivo en su Iglesia, enviado para que su amor alcance a todos los hombres y gusten su salvación. Entrar, por la oración y el estudio, en esa esfera, dentro de este amor de Dios es entrar en esa corriente de amor y de misericordia que Dios tiene para con todos los hombres, que quiere que se salven, entren en la verdad, le conozcan a Él y a su enviado Jesucristo, que se identifica con los pobres, los hambrientos, los privados de libertad, los enfermos, los que no tienen techo ni cobijo de hogar, los que sufren... Entrar en ese ámbito de amor nos hará misioneros, evangelizadores, nos hará como a Pablo o Juan de Ávila, sensibles a quienes cual «macedonios» de nuestro tiempo nos gritan también hoy: «¡Ayudadnos!».
Estas son algunas líneas del «doctorado» de san Juan de Avila que celebramos ahora con agradecimiento en su primer aniversario. Que el Maestro Juan de Ávila sea para todos, singularmente para los sacerdotes, magisterio vivo y perenne, luz, aliento y ánimo para aprender de él en esta hora en que nos apremia una nueva evangelización.
*Cardenal prefecto de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos
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Martes, 22 Octubre 2013 10:46
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Monseñor Juan Esquerda Bifet, profesor de la Facultad Teológica de Burgos y catedrático emérito del Pontificio Colegio Urbaniano de Roma, puso el broche dorado en Almodóvar del Campo a los actos extraordinarios organizados con motivo del primer aniversario de la declaración como Doctor de la Iglesia universal de san Juan de Ávila.
Lo hizo en el templo parroquial, donde disertó acerca del ‘Tratado del amor de Dios’ que escribiera el santo doctor almodovareño y que, a su juicio, es una de las obras fundamentales de la literatura mística española. El especialista en espiritualidad sacerdotal inició su intervención congratulándose de tener la oportunidad de estar en el mismo lugar donde el protagonista de su charla ofició su primera misa. Además, dado que con anterioridad subió hasta la ermita de Santa Brígida, Esqueda Bifet puso de manifiesto el hecho de que la madre del santo recibiera el don de la maternidad por mediación de la santa sueca.
Y, reconociendo que así ya desde su concepción “san Juan de Ávila ha recibido una gracia especial de Dios”, el ponente expuso el tema más prolífico en este autor como es el amor de Dios. Lo hizo desde diferentes puntos de vista, entre ellos aludiendo al misterio de la encarnación en la visión del santo doctor, en la cual “aparecen los temas clásicos del maestro, el amor de Dios propiamente dicho, sentimientos de Cristo, predestinación en Cristo, desposorio con Cristo, misterio de Cristo desde el plano de la humanidad y el corazón, la locura de la cruz que no es otra que la pasión, la redención, la justificación, el beneficio de Cristo, su cuerpo místico, la esperanza o la eucaristía”.
Juan de Ávila ha recibido una gracia especial de Dios
Durante algo más de una hora, el prestigioso conferenciante llegado a Almodóvar del Campo horas después de su regreso desde México y en la víspera de estar en Barcelona, valoró textos del ‘Tratado’ como el que demuestra esa inusitada pasión del santo doctor por el Creador y que, incitando al resto de prójimos versa así: “Pon los ojos en todo este mundo, que todo él se hizo por amor para ti; y todo él, y cuantas cosas hay en él, predican amor y demandan amor y significan amor… En esto conocemos el amor que Dios nos tiene, que nos dio a su Hijo para que vivamos por Él”.
Esquerda Bifet, que precisamente en su andadura docente en el seminario leridano introdujo la obra y figura del santo almodovareño para el conocimiento y ejemplo de los futuros sacerdotes, recalcó cómo en la reflexión de san Juan de Ávila se enseña a Dios ofreciéndonos también “un amor sin condiciones y misericordioso, con ternura materna” y que “cuida de nosotros como un padre bueno”. Y desde este punto, el conferenciante destacó los paralelismos y lazos que hay, conforme al pensamiento del santo doctor, “con el matrimonio cristiano a la hora de cuidar toda relación de amor”.
Una charla con referencias también a san Francisco de Asís, san Pablo o san Ignacio, en la que el público, que desde los días previos tuvo a su disposición una humilde reedición de la obra tratada para prepararse de cara a la conferencia, pudo también plantear sus propias cuestiones.
Esta magistral intervención fue presentada ante los presentes por el párroco Juan Carlos Torres, quien deseó al ponente sentirse como en su casa, “que es la de san Juan de Ávila y la de Almodóvar”. A su término y como gesto de agradecimiento, Juan Esquerda Bifet recibiría de la Hermandad de los Santos un ejemplar del libro editado por la parroquia almodovareña ‘Dichos de Amor en lenguaje popular”, que siguiendo la temática de la tarde, abunda al respecto pero desde la obra del otro ilustre almodovareño como es san Juan Bautista de la Concepción.
Misa en Santa Brígida
Este acto tenía lugar en dos tardes después de la misa que, como cada 8 de octubre, comparten los almodovareños en la ermita dedicada a santa Brígida y que en el contexto de este año jubilar y de primer aniversario de la proclamación de su doctorado, tuvo como protagonista de excepción a san Juan de Ávila.
Y es que una de las tallas que representa su persona, concretamente la que tienen las monjas jerónimas del Convento ‘Nuestra Señora de las Mercedes’, fue trasladada hasta la ermita para simbolizar con ello la trascendental concepción del santo doctor cuando su madre, Catalina, ya entonces seguía la tradición que siempre se le ha atribuido a santa Brígida en torno a favorecer la maternidad. La misa estuvo oficiada por el párroco. Juan Carlos Torres, precisamente, incidía durante su homilía en la necesidad de agradecer a Dios la posibilidad que da a toda la humanidad de vivir y, por eso, instaba a ser generosos en el agradecimiento por tamaña gracia divina.
La celebración eucarística volvió a congregar a decenas de ciudadanos, con la presencia a destacar también de miembros de la Hermandad de san Juan de Ávila y san Juan Bautista de la Concepción.
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Los obispos de la Provincia Eclesiástica de la Toledo oran
en la cueva de la casa natal de Juan de Ávila
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Como se recordará, estos actos conmemorativos se iniciaban el lunes 7 de octubre con la celebración compartida por las cinco diócesis de Castilla-La Mancha, en la que estuvieron sus obispos respectivos, así como el arzobispo de Toledo y cerca de 300 sacerdotes de todos los rincones de la región.