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Es la primera vez que celebramos la fiesta de San Juan de Avila, el día 10 de mayo, tras su declaración de doctor de la Iglesia universal por Benedicto XVI. Tenemos muy vivo en la memoria y en la retina el venturoso domingo 7 de octubre de 2012 cuando, al comienzo de la misa inaugural del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, el Papa confería tan preciado y escaso título al Santo Maestro Juan de Ávila y a Santa Hildegarda de Bingen.
Sirvan de homenaje al incansable evangelizador recordar las palabras con que el Papa se refirió a él: «Nos paramos un momento para admirar a los dos santos que hoy han sido agregados al grupo escogido de los doctores de la Iglesia. San Juan de Ávila vivió en el siglo XVI. Profundo conocedor de las Sagradas Escrituras, estaba dotado de un ardiente espíritu misionero. Supo penetrar con singular profundidad en los misterios de la redención obrada por Cristo para la humanidad. Hombre de Dios, unía la oración constante con la acción apostólica. Se dedicó a la predicación y al incremento de la práctica de los sacramentos, concentrando sus esfuerzos en mejorar la formación de los candidatos al sacerdocio, de los religiosos y los laicos, con vistas a una fecunda reforma de la Iglesia».
Hemos querido honrarlo también con la publicación de un libro: San Juan de Avila, Doctor. Magisterio vivo, que recoge las valiosas aportaciones de seis profesores y especialistas en tan destacada figura en una interesantísima mesa redonda, en el ámbito de las VIl Jornadas de las Causas de los Santos, tituladas «La confesión de la fe», que celebramos en la tarde del pasado 13 de marzo, precisamente cuando la fumata bianca anunció la elección de un nuevo Pontífice. Fue motivo más que suficiente para interrumpir las exposiciones y continuar después de haber escuchado las primeras y emocionadas palabras del Papa Francisco, y haber recibido su bendición.
Humanista, evangelizador, reformador, educador, santo y doctor son los calificativos del maestro que titulan los sugerentes capítulos de este libro, al que se añade otro más con doce de los mejores poemas presentados al I Certamen de Poesía «San Juan de Ávila», que se convocó en la Conferencia Episcopal Española con motivo del doctorado.
Es mucho y muy bueno lo que se ha estudiado y escrito sobre el santo maestro. Pero esta «Joya del siglo de oro» —como acertadamente lo ha calificado Joaquín Luis Ortega en un reciente artículo de prensa- es una verdadera y profunda mina cuyos filones más ricos permanecen aún por explorar. Es lo que hemos pretendido comenzar a hacer desde las perspectivas indicadas. Más que síntesis de trabajos plenamente concluidos, los autores presentan nuevas vías de acercamiento a la persona y a la obra del Maestro Ávila, una figura y una acción que sorprenden por su originalidad y por su actualidad.
Con ello, a la vez que pretendemos poner en evidencia nuevas perspectivas del nuevo doctor, aspiramos también a sugerir distintas vías de profundización que animen a estudiosos y a creativos a sumergirse en tan polifacética figura. Nuevas tesis, nuevas publicaciones, nuevos trabajos de investigación e incluso nuevas creaciones artísticas tienen que seguir poniendo sobre el candelero esta luz que, si se ha encendido y brilla con tanto resplandor, es para que ilumine a todos los de la casa.
En estos días podremos ver publicado asimismo el DVD que recoge la ceremonia de proclamación del doctorado. Evocar aquellos sencillos y solemnes momentos es también un modo de rendir homenaje al santo maestro Juan de Ávila, y también al papa emérito Benedicto XVI, a quien, con todo cariño y veneración, hemos dedicado el aludido libro sobre el nuevo doctor.