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Por su gracia cobramos gracia y hermosura

Sermón 51Obras Completas, BAC (2000) Vol III, pp. 655-672

 42. Y así como Él es lucidísimo y hermosísimo sol, así la parará a ella resplandeciente, semejable a Él, como fue figurado cuando se transfiguró en el monte Tabor, y le resplandeció la cara como el sol, y fueron hechas sus vestiduras blancas como la nieve (Mt 17,2). Nosotros nos vestimos de Cristo, como dice San Pablo (cf. Gál 3,27), porque en la gracia y virtud que de Él recebimos perdemos nuestra fealdad y cobramos honra y hermosura del cielo; y nosotros somos vestiduras de Él (cf. Is 49,18), porque nuestros bienes son gloria suya y lo atavían y honran, pues son testimonio de su grande bondad, con que nos los dio, y el gran valor de su sangre, con que nos los mereció (cf. 1 Cor 12,27). Y estas vestiduras que atavían su cuerpo, y aun se llaman su cuerpo, que somos nosotros cuando nos transformamos en Él, participamos del resplandor que recibió en su cara cuando se transformó, siendo emblanquecido más que la nieve, como David lo deseaba y pedía, diciendo: Rociarme has, Señor, con hisopo, y seré limpio; lo cual se hace cuando nos limpian de pecados mortales; lavarme has, y seré emblanquecido más que la nieve (Sal 50,9), cuando nos limpian de pecados veniales. Para todo tuvo amor, para todo tuvo precio su sangre. Amónos —dice San Juan— y lavónos con su sangre (cf. Ap 1,5). Y pues, recibiendo el cuerpo del Señor, recebimos también su sangre, que en sus venas está, no se maraville nadie que metiéndonos en esta piscina, que, aunque roja en el color, tiene virtud para emblanquecer, salgan nuestros vestidos limpios de manchas, que, como dice el evangelista San Marcos, ningún batanero sobre la tierra tan blancas las pudiera parar (Mc 9,2). Y entonces obra el Señor lo que está escrito: Que se entregó a la muerte para parar a su Iglesia hermosa, que no tenga mancha ni ruga, ni cosa de esta hechura, para que sea santa y sin mancha de pecado venial (cf. Ef 5,25-27); porque tales para a los que bien le reciben, que no les queda mancha de pecado venial y les quita las rugas de las imperfecciones.