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"¿A qué venís, Señor?"

Sermón 3. En Obras Completas, BAC (2000), vol III, pp. 48-65

En vísperas de Navidad. A unas monjas

4. Cuando cantardes Et homo factus est, váyanse vuestros corazones al cielo, contemplando tan grande obra como es haberse Dios hecho hombre por vosotras. Pues de esto se queja Dios, y con gran razón, que una musaraña, una yerbecita, una mujer hermosa, una vestidura pulida nos lleve los ojos y robe nuestra vista, y no esta obra tan grande, como haberse Dios hecho hombre por nosotros. Mirad mi obra. ¿Por qué la tenéis en poco? El pensamiento para el alma más alto y deleitable éste es: contemplar la grandeza de Dios y verle abajado tanto por nosotros, que se abajase a tomar nuestras miserias de hambre, frío y cansancio, etc.

Y si la obra es la mayor de las obras, ¿qué tal será el efecto de ella? No basta conocer esta obra, sino conocer también el efecto y virtud de ella. No basta conocer la yerbecita, ni la piedra, si no sabéis su virtud; y si la virtud cognociésemos, mayores alabanzas daríamos al Señor. No hay yerbecita que no tenga virtud. Pues siendo ésta la mayor de las obras, tendrá la mayor de las virtudes, y ansí no basta conocer esta obra, sino es menester también conocer sus virtudes y efectos. Quien no sabe contemplar las virtudes de este misterio, ni sabe contemplar este misterio. Que si solamente contempláis que Dios se hizo hombre y no paséis adelante, ¿qué fruto sacaréis, más que de ver la yerba y no saber la virtud? ¿Qué os aprovecha contemplar que Dios, siendo tan alto, se hiciese tan bajo, si vos os quedáis alto y soberbio y lleno de viento en vuestro corazón? Contempláis que os amó tanto, que abajó del cielo a la tierra por nosotros. Pues no tengáis vos rancor en vuestro corazón, sino amad a vuestros prójimos y váyanse los ojos tras ellos. ¿Cómo contempláis la blandura de Dios, si sois áspero y duro para vuestros prójimos? ¿Cómo contempláis a Jesucristo nacido en Betlem, en un portal tan pobre, etc., si no tenéis paciencia para sufrir vuestra pobreza y las necesidades que se os ofrecen, y si deseáis en vuestro corazón ser rico? Grandes, pues, son los efectos de esta obra de Dios. No sin causa vino Dios pobre, podiendo venir rico; vino pequeño, podiendo venir grande, etc.

5. Pues porque esta obra no se nos vaya en balde, que ¡ay de nosotros si no nos aprovechamos de ella! —si con la mayor de las medicinas no sanamos, ¿por qué sanaremos?; si de Dios humanado no nos aprovechamos, ¿de qué nos aprovecharemos?—, supliquémosle que nos dé lengua para que hablemos los efectos de su encarnación.

9. Digámosle que a qué viene. ¿A qué venís, Señor? Dice que viene a evangelizar a los pobres. El que es pobre alégrese, que la venida de Cristo a traer nuevas alegres viene a los pobres. Esta señal dio Cristo a los discípulos de San Juan cuando le preguntaron si era el Mesías; respondió: los pobres reciben nuevas alegres (Lc 7,22). Porque había dicho Esaías (c.35), dando señales del Mesías, que saltaría el cojo, como ciervo, y el mudo hablaría despiertamente, etc. (Is 35,5ss) […]

11. ¡Qué cosa tan pesada era la pobreza antes que Cristo viniese al mundo, qué aborrecida, qué menospreciada! Pero bajó el Rico del cielo y escogió madre pobre, y ayo pobre, y nace en portal pobre, toma por cuna un pesebre, fue envuelto en pobres mantillas (cf. Mt 8,20), y después, cuando grande, amó tanto la pobreza, que no tenía dónde inclinar su cabeza, y, finalmente, fue tan amador de pobreza, que ya no hay cristiano, si es verdadero cristiano, que no tenga en más ser pobre que rico.[…] En más es tenido el pobre que el rico después que Jesucristo se hizo de su bando. Como si en una balanza pusiésedes una cosa de precio y en otra una cosa vil, pero llena de perlas preciosas, diréis que vale más esta segunda balanza por el valor de lo que se juntó con ella. Y si en un arca vieja estuviese un tesoro y en otra nueva no estuviese nada, claro está que diríades que vale más la vieja, por lo que está dentro de ella, que no la nueva que está vacía. Y ansí, si miráis la pobreza y riqueza a cada una por sí, más vale la riqueza; mas si miráis la joya que está con la pobreza, de mucho más valor es. Juntóse Dios con la balanza de la pobreza y hizo subir el valor. Pues si los pobres solían tener envidia a los ricos, agora téngala los ricos de los pobres, pues juntóse Jesucristo con el bando de los pobres y engrandeció[lo].