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Cartas al Pueblo de Dios: SAN JUAN DE ÁVILA, DOCTOR DE LA IGLESIA

Mons. Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

07.10.2012

Queridos hermanos y amigos:

Cuando leáis esta carta semanal estaré en Roma participando junto al Papa y los obispos españoles en la declaración de San Juan de Ávila como doctor de la Iglesia. 

San Juan de Ávila nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), en 1499, hijo único de Alonso Ávila y Catalina Gijón. Una familia cristiana de muy buena posición económica. Estudió en Salamanca Leyes. Permanece allí cuatro cursos. En 1517 abandona los estudios y regresa a casa de sus padres, donde hace vida retirada y de oración durante tres años. 

En esta experiencia de oración y retiro descubre su vocación y va a Alcalá, en cuya Universidad estudia Artes y Teología, con el propósito de recibir la ordenación sacerdotal. 

Recibe la Ordenación de presbítero y celebra en Almodóvar su Primera Misa solemne. Para festejarlo, invita a comer a doce pobres, vende sus cuantiosos bienes, y los distribuye entre los necesitados. Marcha a Sevilla con la intención de embarcarse hacia México con el primer obispo de Tlaxcala. 

Pero esta intención de ser misionero en México se ve truncada cuando el Arzobispo de Sevilla, entusiasmado por su acción evangelizadora, le propone que ejerza el ministerio en Andalucía; concluyendo sus estudios de teología en el Colegio de Santo Tomás de Sevilla. 

Su actividad apostólica y su predicación tienen un gran éxito en distintas diócesis de Andalucía, una gran cantidad de fieles, tocados por su palabra, cambian de vida, se convierten y viven como hijos de Dios. Las misiones populares organizadas por toda Andalucía son un claro testimonio de este afán evangelizador. Pero, junto a su fama como predicador y misionero de Andalucía, también surge la crítica, los momentos difíciles, la incomprensión. 

Uno de sus grandes empeños es la formación de los sacerdotes y, sobre todo, la de los seminaristas. Para ello funda diversos colegios y pone todo su afán en ellos, ya no sólo para que la formación intelectual sea la mejor, también para que la espiritualidad sacerdotal se fundamente de una forma seria y profunda. 

Es también consejero de grandes santos españoles que a él acuden para pedir su orientación: San Ignacio de Loyola, San Francisco de Borja, Santa Teresa de Jesús y San Juan de Dios. 

El 20 de agosto de 2011 en el contexto de la Jornada Mundial de la Juventud, el papa Benedicto XVI anunció su declaración como doctor de la Iglesia: “Con gran gozo, quiero anunciar ahora al pueblo de Dios, en este marco de la Santa Iglesia Catedral de Santa María La Real de la Almudena, que, acogiendo los deseos del Señor Presidente de la Conferencia Episcopal Española, Eminentísimo Cardenal Antonio María Rouco Varela, Arzobispo de Madrid, de los demás Hermanos en el Episcopado de España, así como de un gran número de Arzobispos y Obispos de otras partes del mundo, y de muchos fieles, declararé próximamente a San Juan de Ávila, presbítero, Doctor de la Iglesia universal”.
Quiero subrayar algunos aspectos que a todos y, especialmente a los sacerdotes, nos pueden ayudar de las enseñanzas de San Juan de Ávila: 

Invitación a no volverse atrás del camino emprendido, a permanecer en fidelidad y a dejar todo juicio a Dios. 

San Juan de Ávila, frente a las seducciones del mundo, quiere desenmascarar su "engaño", para que Dios sea nuestro Dios y las realidades del mundo sean para nosotros lo que son en realidad. 

San Juan de Ávila concibe el acompañamiento como un proceso de mediación capaz de despertar la experiencia de Dios y de conducir la entrega a la madurez en la fe y a la libertad de los hijos de Dios. 

Nos invita a abrir nuestras vidas a Dios, escuchando con sinceridad su Palabra, para que la verdad divina penetré en nuestra vida. 

La vida de San Juan de Ávila es una llamada a la santidad de vida para todos los sacerdotes. Su mensaje sacerdotal nos invita a vivir profundamente la espiritualidad propia de nuestro ministerio y a que con gran confianza prosigamos en la misión evangelizadora, a pesar de todas las dificultades. 

Junto a San Juan de Ávila, se proclamará también doctora de la Iglesia a una mujer singular, Santa Hildegarda de Bingen. Que ambos intercedan por nosotros y nos concedan en este tiempo poder vivir con un mismo espíritu en el deseo de anunciar el Evangelio para que en Jesucristo el mundo encuentre la vida, la esperanza y el amor.

Con todo afecto, os bendigo.
+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona