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Carta de sus obispos al Pueblo de Dios en Extremadura

obispos.extremenosLos tres obispos de la provincia eclesiástica extremeña han animado a los fieles a unirse a la peregrinación a Roma que encabezarán ante la próxima declaración solemne de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia por parte del Papa Bendicto XVI.

En una carta pastoral común, Santiago García Aracil, arzobispo de Mérida-Badajoz, Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia, y Francisco Cerro Chaves obispo de Coria-Cáceres, han destacado que un acto "tan especial, merece, en la medida que se pueda, que se haga visible con espíritu de comunión y con alegría". 


Con motivo de la declaración de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia

Santiago García Aracil, arzobispo de Mérida-Badajoz

Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia

Francisco Cerro Chávez, obispo de Coria-Cáceres

03.10.2012

Queridos hermanos y hermanas:

Los tres Obispos de la  Provincia Eclesiástica os saludamos con especial afecto y os animamos a ser testigos del Señor en estas tierras de Extremadura. Lo hacemos invocando la intercesión del que va a ser protagonista de esta carta que os dirigimos, para comunicaros un acontecimiento que consideramos de especial valor para la comunión en la fe de nuestras tres diócesis.

Todos conocéis la buena noticia que nos dio el Santo Padre en su visita a Madrid con motivo de las JMJ. Concretamente lo hacía en su encuentro con los seminaristas en la catedral de la Almudena, el 20 de agosto de 2011: “Declararé próximamente a San Juan de Ávila, presbítero, Doctor de la Iglesia universal”. Así anunciaba lo que tanto ha anhelado la Iglesia española y, de un modo especial, lo han querido los sacerdotes. San Juan de Ávila, el patrón del clero secular español, el que todos conocemos y veneramos como el Maestro Ávila, por su sabiduría va a ser declarado por la Santa Madre Iglesia con el más alto reconocimiento a una vida forjada en la santidad. Ser doctor de la Iglesia significa que nuestro santo es un eminente maestro de la fe para los fieles de todos los tiempos. Se suma así a una no muy larga lista, en la que están tres nombres muy queridos para nosotros: San Isidoro de Sevilla, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Este acontecimiento va a tener lugar, D.m., en Roma el siete de octubre próximo, día en que se abre la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana.

El doctorado de San Juan de Ávila es, pues, un acontecimiento de gracia para toda la Iglesia, y de un modo especial para la Iglesia en España. Pero las tres diócesis de la Provincia Eclesiástica nos sentimos muy agradecidas al Señor y al Santo Padre, ya que el nuevo doctor de la Iglesia mantuvo con nuestras tierras y con nuestros cristianos una intensa relación pastoral: pasó una larga temporada en Zafra –no menos de dos años-, y se sabe que, desde esta ciudad, se trasladó a predicar a Fregenal de la Sierra y, por supuesto, también lo hizo en los pueblos de alrededor. Entre nosotros, en efecto, el Maestro Ávila realizó una fecunda labor apostólica.

Su relación con nuestras Iglesias tiene también otros reflejos; uno de ellos es el fruto de la especial fraternidad que se suele dar entre los santos, en la que San Juan de Ávila, como padre y maestro de muchos, es un verdadero experto. Se sabe de la relación epistolar con San Juan de Ribera y de su encuentro con San Pedro de Alcántara, cuando este andaba metido en su reforma alcantarina, precisamente en Zafra. También nos es especialmente grato y emotivo mencionar la relación de San Juan de Ávila con Guadalupe: hay testimonios de  que sus padres peregrinaron desde La Mancha al Santuario de nuestra Patrona. Además, es conocido el aprecio que el próximo Doctor de la Iglesia sentía por el Monasterio jerónimo, pues, según consta en sus biografías, fue el Maestro Ávila quien le recomendó a San Juan de Dios que visitara Guadalupe para aprender cómo tratar a los enfermos. Todas estas referencias hacen de él un santo especialmente vinculado a nuestra tierra y a nuestras diócesis; por eso también nosotros le podemos llamar, como lo hacen nuestros hermanos de Andalucía, “apóstol de Extremadura”.

Si os decimos todo esto, es porque queremos animaros a conocer la figura de este gigante de la santidad, que tanto nos puede iluminar a todos, sacerdotes, religiosos y laicos, en este momento histórico que estamos viviendo. Nacido en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) en 1499 o 1500, Juan de Ávila es a lo largo del siglo XVI una de las luces que con más esplendor manifestó la santidad en la Iglesia española, siendo, además, “padre de santos” en un tiempo de santos. En efecto, San Juan de Ávila es un apóstol que integró en su ministerio todas las expresiones de la misión de la Iglesia, y lo más importante es que todo lo hizo con “celo ardiente”.

Fue un gran teólogo, que puso su sabiduría, sobre todo en la predicación y en sus escritos, al servicio de una misión profundamente evangelizadora, que desplegó con un intenso apostolado  por Andalucía, la Mancha y Extremadura, aunque sus primeras intenciones fueron ir al Nuevo Mundo. En su ministerio sacerdotal se dedicó con singular celo a la predicación, a la dirección de almas, a la formación apostólica de los seminaristas y de los sacerdotes, y a la educación cristiana, creando colegios y universidades. Como andariego incansable, de esos que en su ardor misionero no tienen límites ni geográficos ni en el corazón, recorría los caminos, dejando por todas partes huellas de amor de Dios en las almas que escuchaban con fervor su predicación (tratado del amor de Dios) y sus consejos (audi filia). Con la muerte, que le sobrevino en Montilla el día 10 de mayo de 1569, termina una vida ejemplar para el clero español de todos los tiempos.

Pues bien, el siete de octubre el Santo Padre Benedicto XVI, en la ciudad santa de Roma, lo declarará Doctor de la Iglesia. Os invitamos a participar en ese acontecimiento, en el que queremos estar como Provincia Eclesiástica. Es nuestro deseo acudir a Roma con una representación de sacerdotes, consagrados y fieles laicos. Os animamos, pues a sumaros a una peregrinación que, D.m., y con sumo gusto encabezaremos los tres obispos. Un acto tan especial, merece, en la medida que podamos, que lo hagamos visible con espíritu de comunión y con alegría. Somos conscientes de que el testimonio de San Juan de Ávila enriquece y fortalece nuestra fe, y es especialmente ejemplar para nosotros, para los que creer en Jesucristo es el centro de la vida personal y comunitaria.

Este acontecimiento lo vamos a celebrar, en efecto, a muy pocos días del comienzo del Año de la Fe, que el Santo Padre Benedicto XVI ha proclamado en el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, y a los veinte años de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica, coincidiendo, además, con el desarrollo de la Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.

Como nos ha indicado el Papa, el Año de la Fe lo celebraremos ayudados por los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de historia de salvación. Por eso, lo celebraremos evocando con gratitud a cuantos a lo largo de los siglos han vivido la belleza de la fe y han dado testimonio de amor a Cristo. Nosotros recordamos particularmente a los mártires y santos que dejaron sus huellas en estas tierras, entre los que contamos, como os acabamos de decir, a San Juan de Ávila. Y filialmente nos inspiramos en la fe de María, la Madre del Señor, Madre de la Iglesia, entre nosotros amada como Santa María de Guadalupe, Patrona de Extremadura.

Con especial afecto, os saludan y bendicen.

+ Santiago García Aracil, arzobispo de Mérida-Badajoz

+ Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia

+ Francisco Cerro Chávez, obispo de Coria-Cáceres